El Septenio que inaugura el retorno de Saturno

El retorno de Saturno da inicio a la segunda estructura de la personalidad. A su vez, este tránsito inaugura el Quinto Septenio de la vida, que transcurre desde los 28 hasta los 35 años. Beatriz Leveratto, en su libro, Cada siete años. La vida y sus estaciones astrológicas, sostiene que este es un periodo marciano en el cual nos lanzamos a la conquista del deseo.  

Marte es el símbolo astrológico que protagoniza el periodo que se extiende desde los 28 hasta los 35 años. Las funciones asociadas a este planeta son activar, arder, arriesgar, conquistar, desear, ejecutar, emprender, erotizar, fundar, impulsar, independizarse y    proyectarse. 

Entre las características más destacadas de este periodo, Leveratto menciona:  

  • Búsqueda de mayor independencia y autodeterminación.
  • Concreción de proyectos propios, ya sea al formar una familia, emprender una profesión o conseguir un trabajo determinado.
  • Demanda de una gran energía para la conquista de los propios deseos.
  • Despliegue del sentido de la vida que adoptamos durante los últimos años [y sobre todo desde el segundo retorno de Júpiter, diría yo].
  • Deseo de alcanzar logros que confirmen la vocación que elegimos en esta etapa.
  • Anhelo de confirmar los ideales esbozados alrededor del amor.
  • Inicio de una nueva estructura de vida a partir del corrimiento de la familia de origen.
  • Necesidad de irradiar los puntos más singulares y creativos de nuestra personalidad.
  • Nacimiento de los hijos, lo cual se traduce en un camino donde moldear la propia creatividad.
  • Experimentación de nuevos juegos de poder a través de las relaciones con las parejas, el trabajo, la familia o los amigos.
  • Percepción y sensibilidad hacia lo sagrado debido a la exposición a nuevos sueños.

Construir nuevos espacios en el mundo

Transitaremos el Quinto Septenio de nuestra vida desde desde los 28 hasta los 35 años. El punto más destacado de esta etapa es la conquista de un espacio propio en el mundo, un espacio donde podemos dejar nuestra impronta y la huella de quienes realmente somos en el presente. 

Marte (el planeta de la acción, el coraje, la supervivencia y la competencia) rige este periodo. Por lo tanto, en estos años se despertará nuestro interior más guerrero, para poder salir a luchar y a manifestar nuestros propios deseos. Tendremos la sensación de que nuestra personalidad ya maduró y es probable que esta sensación propicie una crisis alrededor de los 28 años de edad, con el comienzo del retorno de Saturno. Esta crisis nos puede llevar a dirigir nuestro poder hacia un nuevo rumbo. Y tenderemos a desarrollar la confianza necesaria para ocuparnos de distintos proyectos y disponernos a luchar para lograr nuestros objetivos.

En este Septenio se desarrollará la construcción del impulso que se manifestó a los 28 años de edad. La consolidación de ese impulso se dará cerca del final del Septenio, a los 35 años de edad. A los 35 años prevalecerán la fuerza y la esperanza de saber que nos enfocamos en construir nuevos espacios en el mundo. El deseo de construir nuevos espacios va a teñir todos los aspectos de nuestra vida, desde lo amoroso hasta lo profesional, pasando por los vínculos y los hábitos. Nuestra nueva personalidad estará en proceso de elaboración e implicará muchos cambios, incluso hasta en el propio cuerpo.    

A partir de los 28 años, es probable que introduzcamos nuevas conductas a nuestra cotidianeidad. Las costumbres a las que nos habían acostumbrado en nuestra crianza serán cuestionadas para darle lugar a nuevas posibilidades. Los cambios se pueden manifestar en los hábitos más cotidianos, como la alimentación o la estética, y también en otros vinculados a los valores, las relaciones sociales y las creencias. En este sentido, “el periodo de siete años que iniciaremos a partir de los 28 representará una oportunidad única para crear nuevos modos de estar en el mundo”. En esta etapa se despierta una confianza inédita orientada a la expresión de la singularidad de nuestra personalidad, a animarnos a lo nuevo o a innovar en diversas áreas de la vida. 

En la primera etapa de este Septenio, que se extiende desde los 28 años hasta los 33, viviremos en una tensión incómoda donde se debaten lo nuevo y lo viejo de nuestra personalidad. Durante estos años construiremos un puente entre el pasado y la nueva vida que de verdad deseamos. Será necesaria una buena dosis de paciencia para respetar los tiempos que requiere este inicio creador de los 28 años hasta que pueda afirmarse. 

Aquello iniciado a los 28 años mostrará más solidez y firmeza alrededor de los 33 años. Esta edad está inscrita en el inconsciente colectivo como “la edad de Cristo”. A los 33, podremos “liberarnos de la cruz del pasado y comenzar a andar la propia vida”. Ahora, el compromiso con nuestra propia misión ya no nos permite volver al pasado. Nuestra misión tiene más sustancia y nos permitirá dejar atrás la sensación de que estamos remando contra la corriente.

Buscar el sentido de la vida

El gran caudal de energía que se manifestará durante este Septenio permitirá la expresión de los sentimientos más originales y genuinos. Una fe y una confianza inusitadas nos habilitarán a llevar a cabo los cambios que queremos ejecutar. La audacia va a prevalecer por sobre el cumplimiento del deber ser heredado de nuestra familia.

El valor que necesitamos para manifestar estos sentimientos más originales y genuinos estará acompañado de una gran convicción íntima. Tendremos la sensación de que ahora es el momento indicado para permitirnos esos cambios y que tenemos la oportunidad justa para hacerlo. Estamos en un periodo de mucha vitalidad, no tenemos compromisos o responsabilidades enormes que nos anclen y desbordamos de ganas y deseos por tomar la dirección de la propia vida. Ahora es cuando activamos los cambios que queremos activar desde hace tiempo. 

Además, nuestra intuición está más afilada. La claridad que sentimos ahora tendrá el carácter de revelaciones. Algunas de estas revelaciones podrán responder preguntas como las siguientes: ¿A qué quiero dedicarme? ¿Dónde quiero vivir? ¿Con quién deseo estar en pareja? Si las respuestas a estas preguntas no están bien definidas, la vida cotidiana se podrá volver incómoda y dolorosa. El hecho de sentir que estamos grandes y aún no sabemos lo que queremos puede generar estados de angustia o desesperación. 

Para transitar este Septenio del modo más constructivo, es fundamental tener confianza en la posibilidad de construir una nueva vida. En este periodo, será clave que podamos sostener el compromiso de esta construcción y de que apostemos por lo nuevo sin quedarnos en lo que ya hicimos en el pasado. 

El deseo de trascender

En el Quinto Septenio se ponen a prueba las creencias que tenemos frente a distintas situaciones de la vida cotidiana. Ahora somos responsables de autogestionar nuestra vida cotidiana y debemos aplicar distintas herramientas para resolver los problemas que se presenten. Nuestros valores, principios e ideales podrán sufrir reformulaciones. Nuestra filosofía de vida o la religión que practicamos (o nuestra fe en un sentido general) transitarán un proceso de alteración que podrá cambiar a partir de nuevas circunstancias de vida.

Los cambios experimentados en esta etapa pueden estimular la exploración y la búsqueda orientadas a conocer nuestro interior más en profundidad. Aprender nuevos saberes, practicar disciplinas “espirituales” o adoptar nuevas filosofías de vida permitirán alimentar la curiosidad de este Septenio. Las oportunidades que nos brindarán estos conocimientos también podrán estimular una inédita sensibilidad hacia el arte y a desarrollar nuevos gustos o valores. Es un tiempo propicio para no anclarse en las convicciones religiosas o en las creencias espirituales que teníamos en el pasado y que ya no resuenan con nuestras nuevas inquietudes. 

A partir de los 28 años, “algo” en nuestro interior nos pide ampliar todo aquello que heredamos y animarnos a poner en juego nuevas visiones que podamos combinar, a su vez, con otros enfoques, y así enriquecernos abriendo perspectivas inéditas

Las nuevas visiones en este periodo pueden incluir vínculos como la pareja, la familia o la experiencia de la maternidad o la paternidad por primera vez. “Todos los supuestos que pensábamos acerca de las relaciones y el amor, lo que imaginábamos como una vida en pareja, las idealizaciones en relación con los hijos quedarán expuestos frente a la puesta en práctica concreta de estas experiencias”. Las vivencias nos permitirán adquirir variantes diferentes, donde los imaginarios cobrarán un sentido de realidad más vital, fresco y práctico. 

Para aprovechar las oportunidades propias de este Septenio, no tenemos que defender de forma acérrima nuestras ideas del pasado, ni quedarnos inmóviles en las ilusiones de la infancia o con miedo de expresar nuestras propias opiniones sobre la vida. Los valores, las ideas y las certezas preconcebidas del pasado se pueden convertir en prejuicios rígidos que sostendrán una vida sin capacidad de juego o de experimentación.

Destacados de este Septenio según Beatriz Leveratto

Sobre los 28 años se produce un nuevo nacimiento. Deberemos transformar todo lo heredado por nuestros padres o nuestra familia y utilizarlo para la construcción de algo nuevo”. Todo lo que suceda después de esta etapa será el resultado de nuestras nuevas elecciones. 

En esta etapa se produce una liberación de nuestros padres y de nuestras madres. Vamos a dejar de lado sus reclamos y pretensiones, porque nuestros progenitores ya no serán, de ahora en más, nuestro colchón donde caer cuando la vida se vuelva difícil. En este Septenio, tendremos que aprender a sostenernos por nuestros propios medios.

Un adulto o una adulta mayor ocupándose de todas nuestras necesidades económicas representa más un perjuicio que una ayuda, porque esta persona evitará que transitemos el aprendizaje inherente a este Septenio. Logramos sostenernos y valernos por nosotres mismes producirá una especie de ritual de iniciación que será la puerta de entrada hacia la vida adulta.

Los 33 años son, culturalmente, la “edad de Cristo”. En ese momento podremos bajarnos de la cruz, superar las exigencias de nuestra madre o nuestro padre y las culpas que podíamos llegar a sentir por no haber cumplido con los mandatos familiares. Este es un año para asumir con valentía el devenir de la propia vida. Podremos liberarnos del pasado y de las presiones sociales que nos limitaban. Es una etapa para asumir responsabilidades y hacernos cargo de construir el propio mundo en todas las áreas: la profesión, la maternidad/paternidad, la vivienda. 

Construir un imperio va a requerir de toda nuestra atención. En este periodo tenemos que actuar para responder a muchos de los deseos que nos propusimos alcanzar en el pasado cercano. Es un periodo para crecer en el trabajo, para avanzar en la carrera elegida, para sentir el poder propio y la valoración en el entorno en el cual queremos desarrollarnos.  

Durante este periodo de la vida, tendremos la energía necesaria, tanto psíquica como corporal, para identificar aquello que anhelamos. Y también vamos a responder a las exigencias laborales o a las obligaciones familiares con mucho ímpetu. La madurez nos permitirá relacionarnos de manera proactiva con nuestro deseo creador.

En muchos casos, durante este periodo se experimentará la maternidad o paternidad. Esto habilitará una nueva forma de amor. Les hijes nos van a convocar a asumir la responsabilidad por otra vida, lo cual nos permitirá el surgimiento de un afecto que superará el amor propio. Los niños y las niñas nos obligarán a re-organizar nuestros espacios de libertad y de responsabilidad y también a resignificar la relación con nuestra madre y nuestro padre. 

Notas 

-La fuente para escribir este texto es el libro Cada siete años. La vida y sus estaciones astrológicas de Beatriz Leveratto. 

-La foto la tomé de la cuenta de Twitter @bitsofsaturn.

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