Mucho Saturno – Parte III

El año pasado, una de mis amigas tuvo una sesión con una terapeuta holística que le cambió la vida para siempre. En ese entonces, mi amiga tenía un bloqueo muy fuerte respecto a las relaciones sexoafectivas. Por ahí tenía ganas de verse con alguien, pero el miedo, entre otras cosas, le impedía conectar con gente nueva. Después de ese primer encuentro de una hora con la terapeuta, su situación cambió. Empezó a salir, a verse con distintos pibes, a estar mucho más desinhibida. 

Cuando empecé a ver los cambios que ella había hecho, me di cuenta de que yo también quería esa liberación para mí. 

No es que quería conocer a mucha gente o verme con varias personas al mismo tiempo. Eso es lo que necesitaba mi amiga, no yo. Yo quería destrabar la tristeza y poder entender más cosas sobre mí. Quería un tipo de terapia que me sacara del constante revolver mierda que es el psicoanálisis y me sacudiera un poco. También necesitaba acomodar prioridades y sabía que una sesión con Eve me iba a ayudar. 

Después de ese fin de semana del casamiento y del chat con mi amigo, decidí sacar un turno. 

La sesión tardó en llegar. Iba a ser a principios de abril y me cambiaron el turno para fines de abril porque Eve se iba de viaje. Y en ese lapso de tiempo, entre el momento en el cual saqué el turno y el momento en el cual el turno llegó, cambiaron muchas cosas.

Cuando saqué el turno a mediados de marzo, me sentía sola. Tenía ganas de tener un compañero y me parecía que eso no estaba (ni estaría nunca) disponible para mí. No quería conformarme, eso lo tenía claro. Sabía que había algún bloqueo que me impedía conectar con “el amor”, por decirlo en términos generales. Pero cuando llegó el turno, algunos de esos bloqueos se habían diluido. Yo me sentía mucho mejor. Había conectado más con mis amigas en marzo y las primeras semanas de abril. Le había puesto más fichas a la astrología. Hasta había empezado (y terminado) una relación con un varón. Y empezado otra relación con otro. Ya no era la misma. Algo se había movido. Algo había cambiado. No sabía bien qué ni cómo. Creía que el chat con mi amigo había tenido algo que ver con esos movimientos internos que se reflejaron en lo externo.

Y la sesión hizo que más cosas cambiaran. Salí completamente flasheada de ahí.

A la salida le quise mandar audios a mi amiga, la amiga que me había recomendado a esta terapeuta, contándole todo lo que había hablado con Eve. Estaba tan movilizada que me costaba hablar. ¡Y a mí nunca me cuesta hablar! 

Apenas llegué, Eve me preguntó por qué estaba ahí. Le conté de la angustia que me había surgido en el casamiento de mi amigo, no tanto por su flamante matrimonio, si no por la relación de otra amiga con su novio. Le conté que me sentía sola, que tenía ganas de tener un compañero y que sentía que todavía no había podido “superar” a mi ex novio. Y que ya no quería sentirme así. También le dije que mi amigo se había casado un 8 de marzo, día en el cual yo prefería ir a la marcha. Ella me comentó que ese no era un buen día para casarse, que la energía colectiva estaba enfocada en el sufrimiento de las mujeres y en formas de sanar ese sufrimiento. Me gustó eso que me dijo y me hizo entender mis emociones en ese día tan cargado de sentido. 

Me recomendó que cada vez que me sintiera sola, pensara en ese vacío. Me sugirió qué pensara por qué me sentía vacía y que yo sola intentara “llenar” ese vacío. “¿Tenés ganas de que te den un abrazo? Abrazate vos. ¿Tenés ganas de tener relaciones? Masturbate. ¿Querés ir al cine? Andá sola. Primero tenés que conectar con el amor propio. Tenés mucho amor para dar, pero primero tenés que dártelo a vos”. Me quedé muda. Ahí me recomendó que leyera El arte de amar, de Erich Fromm. [Ese mismo día me lo compré y lo leí. Tiene algunas partes brillantes y otras horriblemente conservadoras. Creo que voy a tomar las partes que me parecieron brillantes y las voy a subir acá con mis comentarios, porque me parece que conectar con el amor propio es una buena forma de vibrar alto durante el retorno de Saturno].

Respecto a mi ex, me dijo que lo nuestro fue un gran amor. Que me costó soltarlo (nah, te parece), pero que ya es hora de perdonarlo y dejarlo ir. A él le cuesta crecer. Como tarea, me dijo que tenía que escribirle una carta de agradecimiento y quemarla para sentir libertad. [Esto aún no lo hice. ¿Alguien dijo procrastinación de lo que sé que tengo que hacer, pero que también sé que me va a despertar recuerdos dolorosos? Me puse una fecha límite para concretarlo. Tengo que hacerlo antes del 6 de agosto del 2019 a las 16 horas. En ese momento tengo mi segunda sesión con Eve y quiero enfocarme en mi propósito. Esta vez no tengo ganas de mirar al pasado, si no al futuro].  

Mi ex no se llevó algo mío. No se llevó *el amor*. El amor está en mí y va conmigo a todos lados. En realidad, nuestras ex parejas siempre nos acompañan. Cortamos, seguimos adelante, nos enamoramos de otras personas. Esta idea de que siguen con nosotres no significa que queramos volver ni nada de eso. Creo que es un rechazo a esa idea tan repetida del #soltar. Más que soltar, diría que hay que integrar todas nuestras partes y nuestras heridas. Y aceptarlas. Y aceptar lo que nos enseñaron

Me recomendó hacer una parodia de mi intensidad. Reírme de eso. No ocultarlo. Tomarlo con más humor. Le nombré a una persona con quien salí a principios de este año y a otra persona con quien salí durante el 2018. “Muy mentales”, me dijo. Tiene razón. 

Eve me dijo que tengo que aceptarme. Me dijo que el viaje que voy a hacer este año va a estar buenísimo y que le meta pilas, por que a veces me olvidaba de que me iba a ir. También me dijo que después del viaje iba a haber un quiebre en mi vida

Hablamos de sanación del linaje materno. Yo le conté varias cosas de mi familia. Ella me dijo que no tengo que juzgar la forma de ser de mi abuela/mi mamá/mis tías, si no que escuche y que tome lo que me sirve y lo que no, no. Yo tengo que construir mi propia forma de vivir. 

En un momento le dije que me gustaba mucho la astrología y que estaba estudiando por mi cuenta. Ella me dijo: 

-No puedo parar de mirar tu remera. Te veo a vos, pero también miro tu remera-me dijo.  

Por supuesto que yo tenía puesto esto: 


-Veo mucho Saturno-me dijo ella. 

-Sí, lo tengo en Acuario, al lado de mi Ascendente. 

-Con razón-acotó.

Ese “mucho Saturno” no se refería solo a la estampa de la remera, que efectivamente tiene muchos Saturnos chiquitos, si no a mí como persona. Mucho Saturno es mucho látigo, mucha exigencia. 

Al escuchar ese comentario de ella me puse a pensar en los distintos sistemas de casas que se utilizan en astrología. Hay muchos. El más común es Placidus. Yo arranqué por ese porque es el sistema que utilizan la mayoría de los astrólogos y de las astrólogas. Después empecé a aprender sobre el origen de la astrología y ahí decidí mudarme al sistema de casas de signos enteros, el primero que se empleó en la historia de la disciplina. La simpleza de ese sistema me atrae mucho y me parece muy práctica. No se rige por grados matemáticos, si no por signos. El signo donde tenés a tu Ascendente es la Casa I, el signo que sigue la Casa II y así sucesivamente. Es maravilloso.

Esta es mi carta “antes”, con el sistema de casas Placidus:

Y esta es mi carta “ahora”, con el sistema de casas de signos enteros:

Al principio, te puede chocar ver tu carta de otro modo, con los planetas “corridos de lugar”. Pero te invito a que pruebes experimentar con los dos sistemas de casas, que analices eventos de tu vida o aspectos de tu personalidad teniendo en cuenta los emplazamientos de tu carta en un sistema y en el otro, y que recién después te decidas (o no) por un sistema.

En mi caso, al empezar a usar el sistema de casas de signos enteros, sentí que mi carta cobraba más sentido. Mi Saturno en Acuario se corría de la Casa XII a la Casa I. Aunque igual sigo teniendo al signo Capricornio en la Casa XII, que es un signo regido por Saturno al igual que Acuario, me sentí mucho más identificada con Saturno en el Ascendente antes que con Saturno en la Casa XII. 

Según Robert Hand, Saturno en la Casa XII puede implicar baja autoestima, no confiar en las habilidades propias, pesimismo, sentimiento de inferioridad y miedos que llevan a la inacción. La lección que tienen que aprender quienes tienen a Saturno en la Casa XII es que la mayoría de sus miedos propios o sobre el mundo son imaginarios. La buena noticia es que, a medida que envejecen, los nativos y las nativas de este emplazamiento adquieren más confianza y seguridad en relación con sus dones y talentos. 

Las características mencionadas por Hand resuenan conmigo por tener al signo Capricornio en la Casa XII, pero las características de tener a Saturno en la Casa I me volaron la cabeza. En la próxima publicación, voy a compartir las reflexiones del astrólogo Jason Fleming sobre Saturno en la Casa I.

1 comentario en “Mucho Saturno – Parte III”

  1. […] Después de la sesión con Eve, en abril del 2019, mi vida cambió. Me sentía más tranquila y más conectada con mi deseo. Había aceptado más mi intensidad y había empezado a salir con alguien que me gustaba mucho. La energía estancada se había empezado a transmutar de formas hermosas y sorpresivas. Ya no era la misma que había pedido el turno en marzo.  […]

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